Bautismo

El Bautismo es un sacramento necesario para la salvación, que nos incorpora a la Iglesia, nos hace hijos de Dios y perdona el pecado original.

Para recibir el Bautismo es necesario:

Niños recién nacidos o que no han llegado al uso de razón (menores de 7 años)

 Que los soliciten sus padres, conscientes de que adquieren el compromiso de educar a sus hijos cristianamente, por lo que deben manifestar su disposición de vivir cristianamente.

 Los padrinos deben ser mayores de 16 años, que hayan recibido la Confirmación y que tengan una vida cristiana coherente con la fe. Pueden ser un padrino, o una madrina, o un padrino y una madrina.

1ª Comunión

Se celebra la primera vez que una persona participa del sacramento de la Eucaristía: recibe el Cuerpo y Sangre de Jesucristo. La primera comunión tiene lugar generalmente a partir de los 7 años. Forma parte de los tres sacramentos llamados de la iniciación cristiana (bautismo, eucaristía y confirmación)

El niño tiene que estar bautizado.

Ha de prepararse para este sacramento acudiendo a un curso llamado catequesis, en el que le enseñarán los principales preceptos de la Iglesia Católica.

Confirmación

El sacramento de la Confirmación es uno de los tres sacramentos de iniciación cristiana.

La misma palabra, Confirmación que significa afirmar o consolidar, nos dice mucho.  Por este sacramento, el bautizado se fortalece con el don del Espíritu Santo. Se logra un arraigo más profundo a la filiación divina, se une más íntimamente con la Iglesia, fortaleciéndose para ser testigo de Jesucristo, de palabra y obra.

A partir de la Confirmación nos convertimos en cristianos maduros y podremos llevar una vida cristiana más perfecta, más activa. 

Matrimonio

«El consentimiento matrimonial es el acto de la voluntad, por el cual el varón y la mujer se entregan y aceptan mutuamente en alianza irrevocable para constituir el matrimonio» (CIC, 1057 §2).

«El mismo Dios es autor del matrimonio». La íntima comunidad conyugal entre el hombre y la mujer es sagrada, y está estructura con leyes propias establecidas por el Creador que no dependen del arbitrio humano.

El amor mutuo entre los esposos «se convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre.

 Y los bendijo Dios y les dijo: “Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla” (Gn 1, 28)» (Catecismo, 1604).

Unción de Enfermos

La Unción de los enfermos es un sacramento instituido por Jesucristo, insinuado como tal en el Evangelio de san Marcos (cfr. Mc 6,13), y recomendado a los fieles y promulgado por el Apóstol Santiago: «Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor

La Tradición viva de la Iglesia, reflejada en los textos del Magisterio eclesiástico, ha reconocido en este rito, especialmente destinado a reconfortar a los enfermos y a purificarlos del pecado y de sus secuelas, uno de los siete sacramentos de la Nueva Ley.